Uno de los rasgos distintivos de
Las Mercedes es que muy cerca de allí se realizan paseos en canoa por las aguas
del arroyo Piray-Guazú. Divididos de a dos por canoa, los huéspedes reciben una
breve clase y se lanzan a navegar. Las aguas son tranquilas como las de una
pileta y en ningún momento superan el metro y medio de profundidad.
Durante el paseo aparece toda
clase de aves de la selva saltando de rama en rama, con soberana libertad. Se
rema río arriba unos dos kilómetros y medio sin demasiado esfuerzo, aunque en
un tramo del trayecto hay que sortear unas piedras con la canoa a cuestas.
Después de la excursión por el Piray-Guazú, el programa continúa con un asado
en el quincho de la estancia y una buena siesta en el silencio perfecto de este
lugar en la selva. Luego se puede optar por salir a cabalgar por el campo
misionero y conocer la producción agrícola-ganadera en tierra roja. La estancia
tiene 650 hectáreas y produce yerba mate, madera de pinos, mandioca y maíz,
aunque la actividad principal es la cría de 420 cabezas de ganado Braford, una
cruza de Hereford con cebú. El paseo sigue al trotecito hasta un monte virgen
de 70 hectáreas que se mantiene intocado, albergando majestuosos ejemplares de
árboles como el guatambú, el timbó, el laurel, el lapacho y el cedro misionero,
los más representativos de la selva autóctona.
A la hora del té llegan los
scones, la tarta de frutilla y el pastel de manzana, que se sirven en el jardín
de invierno, totalmente cercado por tela mosquitera. Es como estar al aire
libre, pero a salvo de los insectos del atardecer y de la noche, y el lugar
predilecto de la mayoría de los visitantes para descansar en la tarde e incluso
leer en la noche, recostados en una hamaca paraguaya. Después de este “baño” de
selva a todo confort, ya es tiempo de continuar el viaje hacia el colosal
espectáculo de las Cataratas.


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